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“Una espontánea algarabía era la señal inequívoca de la llegada de Sergio Rubio al vestuario del San José. Cada mañana, Rubio hacía su entrada con estruendo, entonando a grito pelado alguna coletilla graciosa, guaseándose de algún compañero o profiriendo alguna bravuconería para jolgorio de los allí presentes. El propio… leer más

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